sábado, 27 de diciembre de 2025

Cuando todo deja de sonar

Ya no quiero volver a escuchar a José Recuerda,
ni quiero que el 10 siga siendo mi número.
La cámara quedó olvidada,
en algún lugar donde el tiempo se disuelve.
Ya no estudiaré en la facultad,
los pasillos y las aulas ya no me llaman.
Deseché la idea de que la vida me guste.
La palmadita nerviosa se ha perdido en el aire,
como un gesto que ya no tiene forma.
El cine clásico ya no es un refugio,
las imágenes se desvanecen entre sombras
y Rihanna ya no suena igual,
como si el eco de su música fuera otro,
distinto, irreconocible y sin esperanza.
Algo me hace infeliz,
y todo lo que antes amaba,
se ha transformado en un silencio
que pesa mas que la muerte.
Te quiero, joder.

jueves, 22 de mayo de 2025

Karyâtis

Suelo pensar
en las Cariátides del Erecteion.
Tan blancas — descoloridas —
como si el tiempo
les hubiera borrado el pulso
pero no el alma.

Me gusta imaginar
que están vivas,
pero no como yo.
Creo que todo respira,
a su manera,
y ellas no son la excepción.

El griego de Hipatia no morirá
hasta que el último grano 
de mármol
se vuelva polvo.
Ni el eco de sus dioses,
que aún rondan las ruinas.

Están tristes.
No pertenecen al lugar que pisan:
un museo frío,
mientras unas réplicas
miran desde lo alto
una Atenas que ya no es suya.

Imagino que esas nuevas
Cariátides
hablan entre sí
en griego moderno.
Y pienso, sobre todo,
en dos.

La Cariátide del Museo Británico,
sola,
olvidada,
tras el pórtico de un templo.
Raptada hace dos siglos,
prisionera.

Allí estuve
frente a ella.
Le mostré a sus hermanas.
No dijo nada,
pero el mármol tembló,
y yo asentí.

La Cariátide decapitada de Atenas,
más inquietante,
detrás de todas.
No puede mirar
pero lo ve todo
desde el Museo de la Acrópolis.

A veces pienso,
que es solo cuerpo 
pero se mueve.
A veces pienso,
que es un cadáver 
al que nadie enterró.

¿Y si las esculturas sin cabeza
están muertas?
¿Y si no lo están,
pero quisieran estarlo?

En Reino Unido,
miran sus heridas,
pero no ven su dolor
e ignoran el eco.
Nombran la piedra,
olvidan la ausencia.

La indiferencia destruye más muros que el odio. Perdón.